La hostelería no necesita bajar el nivel. Necesita subir el estándar

Publicado el 23 de julio de 2026, 7:42

Cada año, miles de personas completan un Certificado de Profesionalidad en hostelería. Aprenden a identificar puntos críticos de control, a aplicar protocolos de limpieza validados por Sanidad, a manipular alimentos con criterios que cumplen el Reglamento CE 852/2004.

Salen preparados. Salen con criterio. Y entran a trabajar en un local donde el trapo de secar los vasos lleva tres días sin lavarse.
Esa brecha no es un problema de formación. Es un problema del sector.

El estándar existe. El problema es que nadie lo exige

En la construcción, un electricista que no respeta el reglamento eléctrico de baja tensión no trabaja. En sanidad, un técnico que no aplica los protocolos de higiene tiene consecuencias reales. En hostelería, un establecimiento que incumple sistemáticamente la normativa higiénico-sanitaria... suele seguir abierto. No porque la normativa no exista. Existe, y es exigente. El problema es que la inspección actúa cuando hay un brote, no como sistema preventivo.

Que abrir un negocio de hostelería tiene barreras de entrada mínimas.
Que no se exige acreditar formación para contratar personal ni para gestionar un establecimiento.

El resultado es un sector donde el estándar de facto lo marca el local más descuidado, no el más profesional.

Lo que aprende el empleado y lo que le espera en el mercado

Hay una contradicción incómoda que desde la consultoría se ve con claridad: se prepara a alguien con criterios de excelencia y lo manda a un mercado que no siempre los valora.

El trabajador sale sabiendo que la zona de peligro bacteriano está entre 5 y 60 grados. Que un suelo poroso no puede desinfectarse correctamente. Que el cuchillo de la carne no puede usarse para la verdura sin lavar...
Y se encuentra con un entorno que lleva diez años haciendo exactamente lo contrario y con el local lleno de clientes. Eso tiene un efecto: el trabajador aprende que el conocimiento no sirve de nada. Que adaptarse a lo que hay es más inteligente que aplicar lo que sabe.
Y ese aprendizaje, el del cinismo profesional, es el más difícil de revertir.

Jiwa Biru Consultora

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