Cuando llegué a Lo Pagán, el local no funcionaba.
No era un problema de ubicación. Tampoco de producto. Era un problema de modelo de negocio en hostelería: nadie había pensado realmente en quién venía, cuándo venía y cómo convertir ese flujo en un sistema rentable.
Empecé observando.
A qué hora llegaba la gente. Qué consumía. Qué momentos del día tenían potencial. Qué oferta frenaba la rotación y cuál generaba continuidad.
Desde ahí nació La Terracica.
No hubo una gran campaña de lanzamiento ni una estrategia de branding tradicional. Hubo algo más importante: una propuesta diseñada para el cliente real de esa zona, en ese momento y con el equipo disponible.
El modelo evolucionó hacia una estructura híbrida de restauración comercial:
desayunos que derivaban en aperitivo, aperitivo que conectaba con comidas, y una oferta flexible capaz de mantener actividad durante distintas franjas del día.
La clave no fue “inventar” un concepto artificial.
La clave fue detectar lo que ya estaba ocurriendo y convertirlo en un sistema operativo rentable.
Con el tiempo, La Terracica terminó expandiéndose hasta alcanzar cuatro locales entre Murcia y Alicante.
Y eso empezó mucho antes de que existiera una estrategia formal.
Empezó observando cómo funcionaba realmente la hostelería de ese lugar.
Foto: Nadia, jefa de cocina en La Terracica de Torrevieja
Jiwa Biru Consultora
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