Hay locales que intentan subir el nivel metiendo cócteles o algún elemento más cuidado en la oferta... Y claro, el problema no es mezclar productos. El problema es no entender en qué momento se consumen.
Un cóctel tiene que ver con parar, con alargar, con cierta expectativa. Un plato más contundente, lo que sería un comfort food, llena otro momento: sacia, resuelve, nutre, reconforta...
¿Pueden convivir? Sí. De hecho, en sitios de Estados Unidos lo ves constantemente. Pero ahí está bien hecho dado que entienden lo que hacen.
Un plato, aunque sea sencillo, debe estar cuidado. Pensado para comerse bien y no para aparcarlo en un plato como quien aparca la furgoneta de reparto. Ese plato se expresa por sí mismo. Y eso implica también cómo se sirve: cómo se corta, cómo se coloca, cómo se acompaña (y no es cuestión de adornos).
Cuando esa lógica no está, el plato deja de funcionar, aunque el producto sea bueno.
En los corta-pegas aparecen los pegotes: cosas que están ahí pero no se sabe muy bien por qué. No hay un sistema ni una lógica de consumo. Hay confusión. Se queda en una mezcla rara que el cliente no sabe explicar… pero que le hace no volver.
Creer que coger cosas que funcionan y juntarlas va a mejorar el conjunto es justo lo contrario. No suma. Absorbe. Es un agujero negro: todo lo que entra (producto, esfuerzo, intención) desaparece.
No se crea una oferta en comida y bebida, se crea un sistema, y por eso funciona.
JBC: alineación, orden y dirección en la toma de decisiones. Porque aunque todo parezca correcto, tal vez no esté pasando nada.
Jiwa Biru Consultora
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